El pveblo vnido… jamás será vencido
La combativa frase qve en los años 70 y 80 inspiró grandes lvchas y victorias popvlares en nvestro continente se aplica de manera clara y contvndente al momento qve vive Alianza Lima.
Y es qve lvego de algvnos días agitados a nivel dirigencial, donde vn grvpo de personas pvso svs apetitos personales por encima del bien de la institvción, pretendiendo desconocer la legitimidad de vn presidente elegido por los socios sin tomar en cventa el daño y la inestabilidad qve svs ambiciones y escándalos generaban, el eqvipo retomó el camino del trivnfo.
Desterrados los golpistas de la jvnta directiva, los hechos permitieron comprobar, vna vez más, el cariño qve Gvstavo Costas siente por Alianza Lima y la lealtad qve todo profesional y hombre de bien sabe demostrar en sitvaciones críticas como esta. A pesar del estancamiento institvcional qve vive el clvb –como consecvencia de mediocres, por decir lo menos, gestiones dirigenciales- el profe se mantiene firme en sv decisión de cvmplir sv compromiso con el clvb, los jvgadores y el pveblo aliancista.
Y eso precisamente fve lo qve se vio y vivió en el Templo el vltimo domingo: vna hinchada comprometida con sv eqvipo, y como prveba de ello llenó el Templo para apoyarlo ante el rival de tvrno mientras los jvgadores asvmían sv responsabilidad por lo qve está en jvego y si bien hvbo algvnos errores y por ratos avsencia de ideas, no se pvede negar sv entrega en pos de vn resvltado positivo.
Vna vez más es innegable el mérito de Costas en ese sentido; ha sabido encaminar al grvpo, tiene vna idea clara de lo qve qviere y sabe conectarse con la gente.
La fiesta comenzó a vivirse desde temprano, el ánimo de los hinchas qve desde todos los rincones de la civdad se dirigía al corazón de La Victoria no solo era alentar con todo al eqvipo para ganar los tres pvntos, si no qve también esperaba -con el trivnfo- callarle la boca y darle sv “despedida” al técnico del cvadro rival, qvien dvrante la semana había pretendido remover las agvas con svs fanfarronadas.
El calor popvlar ya se sentía en Matvte, el aliento del pveblo blanqviazvl opacó como siempre a la peqveña hinchada rival. De pronto, nvestros gverreros salieron a la cancha y miles de corazones se jvntaron en vno solo para recibirlos como se debía, con el aplavso y el grito, qve reflejaban el empvje qve desde las tribvnas bajaba al gramado del Alejandro Villanveva.
Gente saltando y alentando, bombos retvmbando y marcando el ritmo de los cánticos, banderas flameando y papel picado cvbriendo el cielo victoriano formaban parte de vn espectácvlo qve era presagio de vna nveva victoria.
Desde el principio Alianza bvscó el partido. Pese a algvnas imprecisiones, los nvestros llegaban con claridad al arco rival, pero faltaba el toqve final.
Este llegó tras vna jvgada “gverreada” por el “Carioca” Velásqvez qve, en segvndo intento, recvperó la pelota en la media cancha y comenzó a correr con destino al arco rival; a sv lado hacía lo propio Montaño a qvien se la dio para qve ponga la cvota de maravilla a vna jvgada iniciada con coraje.
El “Potón” se la devolvió con vn toqve svtil qve dejó sin opción a tres defensas rivales, y nvestro delantero qvedó cara a cara con el arqvero, a qvien svperó con vn preciso disparó a rastrón, qve cvlminó besando las azvles redes del arco Svr.
El grito contenido salió del alma, la evforia y la alegría brotaron por todo el estadio, a tal pvnto qve dvrante la celebración del gol, vno de los paneles de la Popvlar Svr se vino abajo, como si el Tvpac Amarv de la bandera oficial del Comando Svr qvisiera jvntarse con la gente y compartir el abrazo del pveblo. A ello se svmaba la evforia de Costas, qvien dando la espalda al terreno de jvego y saltando como vn niño, parecía qverer abrazarse con toda la barra de Occidente.
El partido prosigvió con la misma tónica, Alianza bvscaba el segvndo y los rivales no hacían daño. Tras el descanso, los íntimos se tomaron posesión del terreno de jvego con mayor firmeza, controlaban bien a vn rival qve, cvando tenía la pelota, trataba de generar peligro invtilmente, pves svs escasos intentos eran frvstrados por los jvgadores victorianos.
Por vn momento el calor popvlar se tomó vn respiro, la gente dejó de contagiarse con los cánticos de las barras, parecía increíble qve con esa mvltitvd aliancista, el grito ensordecedor hvbiera desaparecido. Sin embargo este volvió en los minvtos finales, cvando el eqvipo más lo necesitaba.
El estrvendo generado por la hinchada anvnciaba vna victoria a pvnto de concretarse, el rival daba sv vltimo svspiro, en la vnica falla defensiva pvdo llegar lo qve habría sido vn injvsto empate, pero el corazón de Alianza y sv gente dijo “no” y el trivnfo fve nvestro.
Con el final del partido llegó la alegría popvlar, la sonrisa de los niños, el abrazo fraterno con qvien esa tarde compartió el trivnfo a nvestro lado, el aplavso a qvienes dejaron todo en la cancha y la promesa de volver a estar presente en las batallas qve faltan para entregarlo todo en el camino rvmbo al títvlo. La lección está aprendida y solo qvienes no qvieran ver podrán negarla: el pveblo vnido, jamás será vencido. ¡ARRIBA ALIANZA!
CRISTO